jueves, 7 de abril de 2016

Contingencia y Salud


El Aire en Cd. de México, 
en el Día Mundial de la Salud

A raíz de las contingencias ambientales que se generaron al iniciar este año 2016, en Cd. de México el programa ampliado del "Hoy no circula" , para quienes tienen holograma preferente en sus autos, representa utilizar el transporte público solamente UN DÍA A LA SEMANA, durante TRES MESES, es decir SOLAMENTE 12 DÍAS... pero he visto reportajes en la televisión en las que, quienes se sienten afectados por dejar su auto estacionado, se lamentan como si fuera para siempre.

Aunque el transporte público sea relativamente insuficiente, tanto la ciudadanía como las autoridades NO pueden esperar hasta que el sistema sea "el mejor", para solidarizarse con la salud de la ciudad, con la de todos sus habitantes, incluida la salud de sus vecinos, y por supuesto la de sus familias, la de los más ancianos y la de los más pequeños, la de los enfermos.

A propósito, HOY es el "DÍA MUNDIAL DE LA SALUD" dedicado a hacer conciencia sobre la diabetes, una de las enfermedades degenerativas con mayor incidencia en México... habrá que pensar que quienes la padecen y viven en CDMX  merecen igual que todos un mejor aire que respirar.

Además de exigir un mejor sistema de transporte colectivo público, y mientras éste se implementa, si vivimos en Ciudad de México, o en cualquier otra ciudad con problemas de transporte y de contaminación, reflexionemos seriamente en cuál es nuestra responsabilidad y qué soluciones es posible poner a funcionar, cuando menos, dentro de nuestra familia... ¡y eso será mucho!


domingo, 3 de abril de 2016

Horario de Verano



Vivencias y reflexiones...

María Elena Reynaldos

A mis alumnos veinteañeros,
que nacieron con el “Horario de Verano”

Hace ya 20 años, en 1996, nada más y nada menos que el primer domingo de abril (’domingo siete’) los habitantes de la mayor parte del territorio nacional, por primera vez, debimos adelantar una hora nuestros relojes: en un instante pasar de las 2:00 a las 3:00 a.m. ¡Y empezaron las quejas!

El  “reloj biológico” -que nadie sabía explicar a ciencia cierta- de repente se puso de moda con frases como “¡se me alteró mi reloj biológico!”. No hubo poder alguno que hiciera entender a los resentidos que nada les impediría seguir durmiendo el número de horas acostumbradas y que las rutinas de sus días y semanas serían exactamente iguales. De nada sirvieron los dibujitos y las animaciones simulando las salidas y puestas de sol, ni las explicaciones de los astrónomos, los geógrafos  y de cuanto experto se echó mano para divulgar lo que se descubrió hace siglos: los movimientos de rotación de la tierra sobre su propio eje y de translación alrededor del sol provocan que, a lo largo del año, la duración del día y de la noche no sea siempre la misma, debido a las horas de luz que recibe el planeta en las diferentes estaciones. En nuestro hemisferio  norte, en verano el sol sale “más temprano”.

Pocos creían/entendían lo que se repetía hasta el cansancio: el cambio de horario traería beneficios de todo tipo: en cuanto a la economía familiar al ganar horas de luz natural por la tarde, ahorraríamos en el pago de luz eléctrica. Lo mismo sucedería con la iluminación artificial en calles y jardines. En cuanto a la macroeconomía, al igualarse el horario con los Estados Unidos, durante el verano y algunos meses más (antes y después) se ampliaría el tiempo para realizar transacciones comerciales y financieras. Todo lo cual realmente sucedió, aunque los aguafiestas, los incrédulos y los opositores de todo y de siempre se dedicaron sistemáticamente a declararse en contra y a sembrar la semilla de la suspicacia, la desconfianza y el descrédito.

Para cuando el horario veraniego se convirtió en ley, ya se había dado una controversia constitucional –que no prosperó-  interpuesta, en 2001, por el entonces Jefe de Gobierno del DF (López Obrador) para dejar fuera de la medida a la capital del país. Fox también salió raspado cuando quiso disminuir en aproximadamente un mes el periodo del horario (cosa que había prometido durante su campaña). Para acabar con el debate, la Suprema Corte dictaminó que lo relacionado con cambios en husos horarios, en adelante sería competencia exclusiva del Congreso de la Unión.

Antes de la decisión definitoria de la Corte, la Secretaría de Energía ya había solicitado a la UNAM realizar un estudio sobre el tema del impacto del cambio sobre la sociedad mexicana. En la investigación, además de la UNAM, participaron 70 instituciones científicas y 122 profesores investigadores de diferentes estados de la República (la UV tuvo representantes); los trabajos de este comité de expertos incluyeron la realización de una encuesta con una muestra representativa de miles de mexicanos habitantes de más de 400 localidades del país. Al finalizar el estudio “se descubrió” que el Horario de Verano no tiene absolutamente ningún impacto negativo y sí muchas ventajas.

Mientras tanto nuestros paisanos de Baja California declaraban: “¡Ay Dios, cuanto argüende por un cambio de horario que tenemos  por acá desde 1942!”. Y es que, aunque la mayoría de los mexicanos no lo sepan, o lo hayan olvidado, por razones del estrecho intercambio comercial, laboral e incluso educativo que existe desde siempre con el estado de California, EEUU, en Baja California, México se implantó el horario veraniego al mismo tiempo que el vecino de los Estados Unidos.  

La mitad de mi infancia la viví en Mexicali a finales de los 50’s e inicios de los 60’s, cuando el cambio de horario ya tenía más de 10 años de implantado. No recuerdo, ni siquiera nebulosamente haber escuchado, de boca de los adultos de mi familia, ninguna mención, ni queja alguna, sobre el asunto (supongo que simplemente adelantaban el reloj ¡y ya!). De mis veranos de aquellos tiempos, lo que quedó grabado en mi memoria nítidamente fueron las “eternas” tardes que disfrutábamos durante las vacaciones (en el resto del país el descanso escolar más largas era en invierno). Recuerdo jugar a la pelota en el patio de la casa, o en la calle y andar en bicicleta, alumbrados con la luz crepuscular del sol, incluso más allá de las ocho de la noche. Por esta razón las inconformidades de los primeros años del cambio en el resto del país, me sorprendieron tanto.

Hoy, el fragor de quejas, clamores y lamentaciones ha descendiendo notablemente mientras mis mascotas caninas, que no entienden de relojes humanos, siguen despertando ‘al rayar el sol’… sin ningún problema, en cualquier estación del año.