VOTAR... ¿SEGÚN QUÉ CONVICCIONES?
Por
María Elena Reynaldos-Estrada
"Yo solo espero que verdaderamente haya democracia y que gane el que el pueblo elija por convicción".
La "verdadera democracia" en México merece una reflexión aparte pero en vista de las elecciones de mañana me referiré al tema de "elegir por convicción" o votar totalmente convencido de algo.
Según el diccionario de la RAE una convicción es una idea religiosa, ética o política a la que una persona está fuertemente apegada. Para votar yo descartaría las razones religiosas considerando que el estado mexicano es laico, de modo que quedan únicamente la ética y la política como razones para el sufragio.
Votar por una convicción ética supondría tomar en cuenta que el proyecto legislativo o de gobierno de uno u otro candidato es el más benéfico socialmente. Por otra parte, si el voto estuviera guiado por una convicción política significaría que se tiene afinidad plena con la ideología y los principios del partido político de alguno de los candidatos.
La Constitución de los Estados Unidos Mexicanos en su artículo 35, y la del Estado Libre y Soberano de Veracruz de Ignacio de la Llave en el 15, establecen que el primer derecho de un ciudadano es del de votar en las elecciones populares. Ninguna de las normas obliga a seguir un criterio para emitir el voto, somos libres de hacerlo por la razón que cada quien considere válida.
Nadie puede asegurar que todos quienes hayan decidido ejercer este derecho votarán por convicción, ojalá así sea: que todos acudan a las urnas después de haberse informado ampliamente en los medios que estuvieron abiertos para hacerlo (esforzándose por desoir los "chismes" de la guerra sucia); que hayan visto -o escuchado- los debates en los que participaron los candidatos, o leído sus opiniones sobre la gestión pública (más allá de ataques y contrataques personales); que nadie haya comprometido su decisión por alguna razón deshonesta.
Debe tenerse en claro que el proceso ha estado organizado por los ciudadanos (a través del INE) acompañados y vigilados por todos los partidos, que las casillas estarán en manos de vecinos seleccionados aleatoriamente, que ellos serán los que contarán los votos, que habrá representantes de los partidos y observadores electorales en cada casilla y que -además- la ley prevé que los partidos y los candidatos se inconformen con los resultados si tienen pruebas de que existieron inconsistencias y/o delitos electorales.
También hay que saber que al final del proceso (incluido el desahogo de las inconformidades), en las 13 entidades federativas en las que habrá comicios se van a elegir en total 239 Diputados de Mayoría Relativa, 149 de Representación Proporcional, 965 Alcaldes y 12 gobernadores.
La elección de cada uno de los cargos puede estar basada en convicciones éticas o políticas, o en decisiones del momento, o en X Y o Z motivos cada uno válido para cada votante. Si no ganan "los nuestros" los que consideramos "los buenos" o "los mejores" sería pecar de fundamentalismo suponer que no hubo verdadera democracia y que quienes hayan sufragado por los ganadores -todos- lo hayan hecho sin convicción, o porque los compraron, o porque se dejaron engañar.

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