¿Por qué no soy conservadora?
María Elena Reynaldos-Estrada
A
la memoria de Luis González de Alba.
Ciudadano
políticamente INcorrecto por excelencia,
de
los poquísimos escritores/pensadores de la izquierda racional mexicana.
En 1968 pintar un muro o repartir volantes con arengas y consignas
políticas de oposición al gobierno eran actos casi heroicos en los que se
arriesgaba, al menos, la libertad. Tenían que realizarse de noche con un
compañero que cuidara las espaldas de quien hacía la pinta, igual si se
repartían panfletos a la luz del día: había que salir corriendo si avisaban que
venía la policía.
Eso -de verdad- sucedía en el México de finales de los años 60's
inicios de los 70's del siglo pasado. Nada, absolutamente nada que ver con el
país de hoy en el que es totalmente posible y comprobable que cientos de miles
coreen a gritos "¡Renuncia...!" al presidente del país, en un
concierto de rock ¡frente al mismísimo Palacio Nacional!
Si eso no pareciera suficiente evidencia de la libertad de expresión
que ejercemos actualmente en
México, podría servir darse una vuelta por las redes sociales virtuales y por
los medios de información/comunicación -tradicionales y digitales- en los que
todos los días a toda hora es posible encontrar desde improperios de todas las
magnitudes (contra cualquier funcionario gubernamental, del presidente para
abajo) hasta reflexiones, análisis y opiniones con críticas objetivas, o no
tanto, de las acciones y políticas públicas de todos los actores
centrales de la vida nacional (¡del presidente para abajo!).
Este derecho de expresión fue una de las libertades democráticas que exigimos
y enarbolamos como bandera de lucha de los movimientos estudiantiles en 1968 y
1971.
La democracia política fue otra de esas mismas libertadas reclamada en
aquella época y es ahora otra muestra del terreno ganado por la ciudadanía...
que haya quienes no quieran creer en ella es tema aparte para reflexionar pero
los procesos electorales que se han vivido desde finales de los 90 del siglo XX
hasta hoy, son una muestra de ello.
Los mexicanos que se empeñen en creer que el IFE ciudadano (INE de
ahora) se construyó para que no regresara el PRI a Los Pinos equivocan de palmo
a palmo su concepción de "democracia": en México, al practicarse el
sufragio directo, se reconoce el triunfo a los partidos y candidatos que
obtienen la mayoría de votos. Y si aún entendiendolo haya quienes insisten en descreer los resultados, es que descreemos
de nosotros mismos, de vecinos, parientes y amigos, es
decir "gente como uno" que organiza, lleva a cabo y cuenta los votos
en los procesos electorales, cosa que por supuesto no sucedió nunca en México,
hasta que se instituyó el IFE.
"El 68" -a más de manifestarnos por su recuerdo- debe ser
considerado como referente histórico para voltear hacia el ahora, hacia este
día, para mirar, medir y contar lo que se ha transformado a nuestro favor; para
visualizar otras causas por las que luchar, no solamente en las calles. Hoy
aunque parezca "loco" escribirlo debe "batallarse"
alrededor de la mesa familiar, en los salones de clases de todas las escuelas,
en las conversaciones reales y virtuales. Si mis lectores, pocos o muchos,
cercanos o lejanos, son de quienes piensan que "el enemigo es el
gobierno" y que el gobierno no ha cambiado, nos va a costar más trabajo
que México se convierta en un país mejor.
Creo que la arenga incendiaria del ex-Pink Floyd Roger Waters habría
traído más beneficios a nuestro país si, además de exigir la renuncia
presidencial, hubiera demandado parar la violencia a los criminales comunes y a
los organizados, a los capos de la droga y el secuestro. Tal como fue, los
beneficios mayores seguro están siendo para él: supongo que sus discos se están
vendiendo más ahora que antes en Mx.
Como casi todo ser humano, a lo largo de mis años de juventud tuve ideales y luché por ellos. Al pertenecer a la generación del 68 esos ideales míos los considero logrados prácticamente en su mayoría, por eso ya NO los conservo ¡no soy conservadora! Hoy mis batallas son otras, entre ellas: defender y participar en la mejora constante de las libertades que ya hemos conseguido.
Como casi todo ser humano, a lo largo de mis años de juventud tuve ideales y luché por ellos. Al pertenecer a la generación del 68 esos ideales míos los considero logrados prácticamente en su mayoría, por eso ya NO los conservo ¡no soy conservadora! Hoy mis batallas son otras, entre ellas: defender y participar en la mejora constante de las libertades que ya hemos conseguido.







