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martes, 3 de octubre de 2023

"NO SE OLVIDA" pero ¿CUÁNTO SE SABE


El 2 de octubre de cada año, siendo profesora universitaria, dedicaba una buena parte de mis clases a platicar con mis estudiantes sobre "El '68". En la agenda de trabajo que anotaba en el pizarrón, después de la fecha escribía: 

                                                                                                  " NO SE OLVIDA"

                                                  En uno de mis últimos semestres le añadí otra frase: 

                                                                                       "... PERO se sabe muy poco".

 

Con el paso de los años me fui dado cuenta de que en el imaginario de las nuevas generaciones, el Movimiento Estudiantil de 1968, se reducía al 2 de octubre.

Mantuve esa idea como hipótesis sin comprobar, hasta que un día, después de realizar un sondeo en dos grupos (48 alumnos en total, estudiantes de un curso de casi final de carrera), obtuve el resultado siguiente:

  •    Ninguno de quienes respondieron supo la fecha de inicio del movimiento, ni como fue desenvolviéndose hasta el 2 de octubre.
  •  Nadie pudo escribir el nombre de alguno de los dirigentes.
(Fuera del sondeo pregunté si habían escuchado la noticia sobre la muerte de Álvarez Garín, que había sido en una fecha anterior a esa clase y nadie lo escuchó ni sabían quién era él).

  •    Unicamente cinco respondieron la pregunta sobre el nombre del presidente que gobernaba entonces.
  •   Ninguno supo el nombre del entonces secretario de gobernación.
  •   Tampoco sabían que antes del `68, en México, la ciudadanía se adquiría a los 21 años cumplidos


Creo que la responsabilidad de este "olvido colectivo” la tiene -ni más ni menos- un amplio sector de la generación del '68 e incluso una buena parte de "la izquierda" de hoy quien se niega a ver y aceptar las transformaciones radicales que se han producido al transcurso de los años en el mundo, en México y en nosotros mismos: los viejos de hoy que entonces éramos jóvenes. Tampoco caen/caemos en la cuenta de que debemos esforzarnos por ofrecer una perspectiva histórica del Movimiento, vinculándola a las características y los intereses de la juventud de hoy es decir, de nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros alumnos.

En 2008, con motivo del 40 aniversario de ese Movimiento Estudiantil escribí un artículo en el semanario xalapeño "Punto y Aparte".

Este octubre 2023, a 55 años lo he subido a mi blog (con algunas mínimas actualizaciones) por si alguien se interesa por conocer mi perspectiva personal (en octubre del 68, era yo estudiante de preparatoria, en la ciudad de México).

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Más allá del 2 de Octubre

María Elena Reynaldos-Estrada

 

“Lo que pasó es que nos estábamos asfixiando en el “islote intocado”

Luis Gonzáles de Alba

Dirigente estudiantil en la Fac. de Psicología/UNAM

 

Quienes nacimos a la mitad exacta del siglo pasado (o un poco antes o un poco después) andamos hoy por nuestra sexta década de vida (¡un poco antes o un poco después!)... y -¡lo juro!-  la mayoría de quienes estamos vivos, podemos atestiguar que el México de antes del ’68 era totalmente diferente a nuestro país actual. Podemos dar fe, sobre todo, de que los jóvenes de aquellos tiempos éramos totalmente diferentes a los de hoy. Ni mejores, ni peores, sólo diferentes, por una simple y sencilla razón: nuestras circunstancias personales y sociales eran otras.

 El Movimiento Estudiantil de 1968 en México y los movimientos de protesta juvenil que se gestaron, prácticamente al unísono, en más de 50 países alrededor del mundo tuvieron, con diferentes expresiones y matices, un motivo idéntico: sacudir la rigidez y el autoritarismo que imperaban en todas las esferas de la vida privada y pública: la familia, la escuela, la política, incluso la religión. Hasta en aspectos que históricamente se habían visto como “naturales” los jóvenes empezábamos a percibir cierta arbitrariedad en el poder ejercido por los adultos, en cuestiones tan cotidianas como -por ejemplo- la moda: los hijos adolescentes y jóvenes usábamos ropa muy parecida a la de nuestras madres y nuestros padres si acaso con colores ‘más juveniles’ (es decir menos oscura). Otro botòn de muestra: debíamos pedir permiso hasta para ir a la vuelta de la esquina.

 Si en aspectos tan simples de la vida nuestra voz no contaba, en otros de importancia social de plano no existíamos: Hasta 1968 la mayoría de edad se alcanzaba a los 21 años, es decir que a los jóvenes NO se nos consideraba ciudadanos, en consecuencia no gozábamos de derechos políticos el del voto, por ejemplo. Y así, en casi todo el mundo era la misma canción… por cierto, la música que empezamos a adoptar como nuestra -el rock sobre todo- fue calificada de malévola y perniciosa.

 En países desarrollados y ricos (los Estados Unidos y casi todos los europeos) en los que no había pobreza extrema y se gozaba de una vida democrática, la protesta se desplegó fundamentalmente en contra de ciertos  estilos de vida, de convivencia social e internacional. Los jóvenes rechazaban la sociedad de consumo, el racismo y la guerra (¡Amor y Paz!). En los países subdesarrollados (o “en vías de desarrollo”) es decir pobres y con una democracia de a mentiritas (México, por ejemplo) el movimiento se orientó hacia reivindicaciones relacionadas, prácticamente todas, con la ausencia de libertades democráticas.

 Empezamos por marcar una raya entre nuestro mundo y el de los adultos; comenzamos a vestirnos como se nos dio la gana: las mujeres nos pusimos pantalones, los hombres dejaron de ir  a la peluquería; ambos –hombres y mujeres- nos adornábamos con collares de semillas, morrales de yute para llevar nuestros libros; dejamos de bailar en pareja y empezamos a hacerlo colectivamente ¡dando saltos y alzando los brazos con plena libertad! y con más ganas que ninguna otra cosa, -aunque no todos- la mayoría de los jóvenes del ’68 alzamos la voz: en el comedor de nuestras casas, en las aulas de escuelas medias y superiores y en las calles… Y muchos adultos y ancianos también se nos unieron porque algo de todo aquello también les molestaba a ellos desde hacía años.

 Pese a que los eventos represivos del 2 de octubre nos llenaron de dolor y provocaron que, por un lapso (no muy largo) las cosas –nuestras cosas- caminaran como en cámara lenta, 1968 fue una época más festiva que trágica, más de logros que de pérdidas… En México la democracia tardó un poco en empezar a construirse (todavía estamos en eso) pero con todo y los errores graves que evidentemente cometimos, justamente por ser jóvenes, mostramos que éramos capaces de cambiar el mundo… Y algo cambiamos, para nosotros y para los que nos siguieron.

mis exalumnos de la Facultad de Pedagogía de la UV

los Jóvenes del ’68