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sábado, 4 de junio de 2016

México, elecciones intermedias junio, 2016


VOTAR... ¿SEGÚN QUÉ CONVICCIONES?

Por
María Elena Reynaldos-Estrada

Lo que escribo esta ocasión fue inspirado -en cierta medida- por el comentario de un amigo en mi página del Facebook; refiriéndose a las elecciones intermedias del 5 de junio en 13 entidades federativas, él escribió:

                           "Yo solo espero que verdaderamente haya democracia y que gane el que                              el pueblo elija por convicción". 

La "verdadera democracia" en México merece una reflexión aparte pero en vista de las elecciones de mañana me referiré al tema de "elegir por convicción" o votar totalmente convencido de algo.

Según el diccionario de la RAE una convicción es una idea religiosa, ética o política a la que una persona está fuertemente apegada. Para votar yo descartaría las razones religiosas considerando que el estado mexicano es laico, de modo que quedan únicamente la ética y la política como razones para el sufragio.

Votar por una convicción ética supondría tomar en cuenta que el proyecto legislativo o de gobierno de uno u otro candidato es el más benéfico socialmente. Por otra parte, si el voto estuviera guiado por una convicción política significaría que se tiene afinidad plena con la ideología y los principios del partido político de alguno de los candidatos.

La Constitución de los Estados Unidos Mexicanos en su artículo 35, y la del Estado Libre y Soberano de Veracruz de Ignacio de la Llave en el 15, establecen que el primer derecho de un ciudadano es del de votar en las elecciones populares. Ninguna de las normas obliga a seguir un criterio para emitir el voto, somos libres de hacerlo por la razón que cada quien considere válida. 

Nadie puede asegurar que todos quienes hayan decidido ejercer este derecho votarán por convicción, ojalá así sea: que todos acudan a las urnas después de haberse informado ampliamente en los medios que estuvieron abiertos para hacerlo (esforzándose por desoir los "chismes" de la guerra sucia); que hayan visto -o escuchado- los debates en los que participaron los candidatos, o leído sus opiniones sobre la gestión pública (más allá de ataques y contrataques personales); que nadie haya comprometido su decisión por alguna razón deshonesta.

Debe tenerse en claro que el proceso ha estado organizado por los ciudadanos (a través del INE) acompañados y vigilados por todos los partidos, que las casillas estarán en manos de vecinos seleccionados aleatoriamente, que ellos serán los que contarán los votos, que habrá representantes de los partidos y observadores electorales en cada casilla y que -además- la ley prevé que los partidos y los candidatos se inconformen con los resultados si tienen pruebas de que existieron inconsistencias y/o delitos electorales.

También hay que saber que al final del proceso (incluido el desahogo de las inconformidades), en las 13 entidades federativas en las que habrá comicios se van a elegir en total  239 Diputados de Mayoría Relativa, 149 de Representación Proporcional, 965 Alcaldes y 12 gobernadores.

La elección de cada uno de los cargos puede estar basada en convicciones éticas o políticas, o en decisiones del momento, o en X Y o Z motivos cada uno válido para cada votante. Si no ganan "los nuestros" los que consideramos "los buenos" o "los mejores" sería pecar de fundamentalismo suponer que no hubo verdadera democracia y que quienes hayan sufragado por los ganadores -todos- lo hayan hecho sin convicción, o porque los compraron, o porque se dejaron engañar.


domingo, 3 de abril de 2016

Horario de Verano



Vivencias y reflexiones...

María Elena Reynaldos

A mis alumnos veinteañeros,
que nacieron con el “Horario de Verano”

Hace ya 20 años, en 1996, nada más y nada menos que el primer domingo de abril (’domingo siete’) los habitantes de la mayor parte del territorio nacional, por primera vez, debimos adelantar una hora nuestros relojes: en un instante pasar de las 2:00 a las 3:00 a.m. ¡Y empezaron las quejas!

El  “reloj biológico” -que nadie sabía explicar a ciencia cierta- de repente se puso de moda con frases como “¡se me alteró mi reloj biológico!”. No hubo poder alguno que hiciera entender a los resentidos que nada les impediría seguir durmiendo el número de horas acostumbradas y que las rutinas de sus días y semanas serían exactamente iguales. De nada sirvieron los dibujitos y las animaciones simulando las salidas y puestas de sol, ni las explicaciones de los astrónomos, los geógrafos  y de cuanto experto se echó mano para divulgar lo que se descubrió hace siglos: los movimientos de rotación de la tierra sobre su propio eje y de translación alrededor del sol provocan que, a lo largo del año, la duración del día y de la noche no sea siempre la misma, debido a las horas de luz que recibe el planeta en las diferentes estaciones. En nuestro hemisferio  norte, en verano el sol sale “más temprano”.

Pocos creían/entendían lo que se repetía hasta el cansancio: el cambio de horario traería beneficios de todo tipo: en cuanto a la economía familiar al ganar horas de luz natural por la tarde, ahorraríamos en el pago de luz eléctrica. Lo mismo sucedería con la iluminación artificial en calles y jardines. En cuanto a la macroeconomía, al igualarse el horario con los Estados Unidos, durante el verano y algunos meses más (antes y después) se ampliaría el tiempo para realizar transacciones comerciales y financieras. Todo lo cual realmente sucedió, aunque los aguafiestas, los incrédulos y los opositores de todo y de siempre se dedicaron sistemáticamente a declararse en contra y a sembrar la semilla de la suspicacia, la desconfianza y el descrédito.

Para cuando el horario veraniego se convirtió en ley, ya se había dado una controversia constitucional –que no prosperó-  interpuesta, en 2001, por el entonces Jefe de Gobierno del DF (López Obrador) para dejar fuera de la medida a la capital del país. Fox también salió raspado cuando quiso disminuir en aproximadamente un mes el periodo del horario (cosa que había prometido durante su campaña). Para acabar con el debate, la Suprema Corte dictaminó que lo relacionado con cambios en husos horarios, en adelante sería competencia exclusiva del Congreso de la Unión.

Antes de la decisión definitoria de la Corte, la Secretaría de Energía ya había solicitado a la UNAM realizar un estudio sobre el tema del impacto del cambio sobre la sociedad mexicana. En la investigación, además de la UNAM, participaron 70 instituciones científicas y 122 profesores investigadores de diferentes estados de la República (la UV tuvo representantes); los trabajos de este comité de expertos incluyeron la realización de una encuesta con una muestra representativa de miles de mexicanos habitantes de más de 400 localidades del país. Al finalizar el estudio “se descubrió” que el Horario de Verano no tiene absolutamente ningún impacto negativo y sí muchas ventajas.

Mientras tanto nuestros paisanos de Baja California declaraban: “¡Ay Dios, cuanto argüende por un cambio de horario que tenemos  por acá desde 1942!”. Y es que, aunque la mayoría de los mexicanos no lo sepan, o lo hayan olvidado, por razones del estrecho intercambio comercial, laboral e incluso educativo que existe desde siempre con el estado de California, EEUU, en Baja California, México se implantó el horario veraniego al mismo tiempo que el vecino de los Estados Unidos.  

La mitad de mi infancia la viví en Mexicali a finales de los 50’s e inicios de los 60’s, cuando el cambio de horario ya tenía más de 10 años de implantado. No recuerdo, ni siquiera nebulosamente haber escuchado, de boca de los adultos de mi familia, ninguna mención, ni queja alguna, sobre el asunto (supongo que simplemente adelantaban el reloj ¡y ya!). De mis veranos de aquellos tiempos, lo que quedó grabado en mi memoria nítidamente fueron las “eternas” tardes que disfrutábamos durante las vacaciones (en el resto del país el descanso escolar más largas era en invierno). Recuerdo jugar a la pelota en el patio de la casa, o en la calle y andar en bicicleta, alumbrados con la luz crepuscular del sol, incluso más allá de las ocho de la noche. Por esta razón las inconformidades de los primeros años del cambio en el resto del país, me sorprendieron tanto.

Hoy, el fragor de quejas, clamores y lamentaciones ha descendiendo notablemente mientras mis mascotas caninas, que no entienden de relojes humanos, siguen despertando ‘al rayar el sol’… sin ningún problema, en cualquier estación del año.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Las Mujeres, El Agua y La Tierra
MaE Reynaldos



Mujeres
Un simple percentil en las estadísticas de escolarización de las mujeres en secundaria, hace crecer la economía de una región en un 0.3 por ciento. Imaginemos lo que progresaría si el indicador aumentara más y si el nivel educativo fuera más alto. Desafortunadamente los países en los que hoy no se permite aún a las niñas asistir a la escuela son los más pobres. Revisando la historia de la educación femenina, encontramos incluso en naciones supuestamente “civilizadas” datos de que las mujeres en el pasado, aunque asistían a la escuela, no recibían la misma enseñanza que los hombres. Napoleón Bonaparte fundó en Francia (1870) una institución para niñas con una recomendación especial: “Lo que pedimos de la educación no es que las mujeres piensen, sino que crean… habrá que enseñarles aritmética y gramática, pero cuidando que no conozcan el latín. Habrá que vedarles la rivalidad pues no hay que instigar sus pasiones ni dar pie a la vanidad, una de sus tendencias más fuertes…”
Agua
Es realmente simple -un volumen de oxígeno y dos de hidrógeno- sin embargo es la especie química más importante: por su abundancia, por su papel en la aparición de la vida, y porque de ella depende en gran parte que esta vida se conserve. Pero… es un recurso limitado y la manera en que se  recolecte, se distribuya y se cuide, tiene un impacto –mayor o menor- en la economía de las regiones. Con todo, suele suceder que quienes más tienen menos la cuidan. Estadísticas de los estándares de su consumo doméstico muestran que en el norte de América (México incluido) el uso es de 90 mil millones de metros cúbicos anuales, en contraste con 6 mil millones en toda África.
Mujeres y agua
Por fortuna, en una buena parte del planeta se considera que las mujeres son tan importantes como los hombres. Se sabe de su papel complementario para la conservación de la especie y de las cualidades y capacidades específicas que cada género aporta para el enriquecimiento de la vida, en todos sus ámbitos. Así también, prácticamente ‘todo mundo’ conoce hoy día la importancia vital (en toda la extensión de la palabra) que tiene el agua para la sobrevivencia humana, y acepta la idea de que no tendremos futuro sin ella.
Parecería lógico que en todo tiempo y lugar estas premisas estuvieran continuamente presentes, por desgracia no es así. Y ante la desmemoria de los seres humanos sobre cosas y hechos importantes, la ONU ha instituido días para conmemorar, es decir para recordar en colectivo. En marzo tenemos dos: el 8, Día de la Mujer para "destacar la importancia que su participación activa y su situación de igualdad tienen en la consecución de la paz y el progreso social, y para mostrar su reconocimiento por la contribución de la mujer a la paz y la seguridad internacionales”. Luego, considerando que en general no se aprecia el grado en que el aprovechamiento de los recursos del agua contribuye a la productividad económica y al bienestar social, la misma ONU decidió declarar el 22 de marzo de cada año como Día Mundial del Agua para que no se nos olvide que “… la conservación y ordenación sostenible del agua exige que se tenga conciencia del problema en los planos local, nacional, regional e internacional…”
Planeta Tierra
Para completar la trilogía, la ONU nos invita a recordar  también, cada año, el 22 de abril, que vivimos en la Tierra y que debemos desarrollar una conciencia ambiental en la población mundial, partiendo de actividades concretas en las que nos involucremos todos los seres humanos.
Sin oportunidades iguales para mujeres y hombres y sin agua, no habrá largos plazos para la humanidad, ni siquiera cortos, si sólo una vez al año recordamos su  importancia.