Las Mujeres, el Agua y la Tierra
Por María Elena Reynaldos-Estrada
Mujeres
Un simple percentil en las estadísticas de escolarización de las mujeres en secundaria, hace crecer la economía de una región en un 0.3 por ciento. Imaginemos lo que progresaría si el indicador aumentara más y si el nivel educativo fuera más alto. Desafortunadamente los países en los que hoy no se permite aún a las niñas asistir a la escuela son los más pobres.
Revisando la historia de la educación femenina, encontramos incluso en naciones supuestamente “civilizadas” datos de que las mujeres en el pasado, aunque asistían a la escuela, no recibían la misma enseñanza que los hombres. Napoleón Bonaparte fundó en Francia (1870) una institución para niñas con una recomendación especial: “Lo que pedimos de la educación no es que las mujeres piensen, sino que crean… habrá que enseñarles aritmética y gramática, pero cuidando que no conozcan el latín. Habrá que vedarles la rivalidad pues no hay que instigar sus pasiones ni dar pie a la vanidad, una de sus tendencias más fuertes…”
Agua
Es realmente simple -un volumen de oxígeno y dos de hidrógeno- sin embargo es la sustancia química más importante: por su abundancia, por su papel en la aparición de la vida, y porque de ella depende en gran parte que esta vida se conserve. Pero… es un recurso limitado y la manera en que se recolecte, se distribuya y se cuide, tiene un impacto –mayor o menor- en la economía de las regiones. Con todo, suele suceder que quienes más tienen menos la cuidan.
Estadísticas de los estándares de su consumo doméstico muestran que en el norte de América (México incluido) el uso es de 90 mil millones de metros cúbicos anuales, en contraste con 6 mil millones en toda África.
Mujeres y agua
Por fortuna, en una buena parte del planeta se considera que las mujeres son tan importantes como los hombres. Se sabe de su papel complementario para la conservación de la especie y de las cualidades y capacidades específicas que cada género aporta para el enriquecimiento de la vida, en todos sus ámbitos.
Así también, prácticamente ‘todo mundo’ conoce hoy día la importancia vital (en toda la extensión de la palabra) que tiene el agua para la sobrevivencia humana, y acepta la idea de que no tendremos futuro sin ella.
Parecería lógico que en todo tiempo y lugar estas premisas estuvieran continuamente presentes, por desgracia no es así. Y ante la desmemoria de los seres humanos sobre cosas y hechos importantes, la ONU ha instituido días para conmemorar, es decir para recordar en colectivo.
En marzo tenemos dos: el 8, Día de la Mujer para "destacar la importancia que su participación activa y su situación de igualdad tienen en la consecución de la paz y el progreso social, y para mostrar su reconocimiento por la contribución de la mujer a la paz y la seguridad internacionales”. Luego, considerando que en general no se aprecia el grado en que el aprovechamiento de los recursos del agua contribuye a la productividad económica y al bienestar social, la misma ONU decidió declarar el 22 de marzo de cada año como Día Mundial del Agua para que no se nos olvide que “… la conservación y ordenación sostenible del agua exige que se tenga conciencia del problema en los planos local, nacional, regional e internacional…”
Para completar la trilogía, la ONU nos obliga a recordar también, cada año, el 22 de abril, que vivimos en la Tierra y que debemos desarrollar una conciencia ambiental en la población mundial… partiendo de actividades concretas en las que nos involucremos todos los seres humanos.
Sin igualdad de oportunidades para mujeres y hombres y sin agua, no habrá largos plazos para la humanidad, ni siquiera cortos, si sólo una vez al año recordamos su importancia.
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