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sábado, 3 de enero de 2026

EL MUNDO NO SE ACABÓ, PERO ALGO SÍ / Por María Elena Reynaldos

 

Una historia de infancia, rumores de apocalípsis y el verdadero final que llega sin aviso...

En las horas previas al reciente "fin de año" volvì a pensar en una historia de mi infancia:

Hace ya varias décadas, cuando estaban a punto de iniciarse los años sesenta, corrió un rumor entre los niños y niñas de mi colonia, en el antiguo Distrito Federal: el mundo iba a acabarse antes de que transcurriera el primer segundo de 1960.

Yo estaba convencida de que los afanosos preparativos de mi madre para la cena de Fin de Año no eran otra cosa que los arreglos finales para despedir al planeta Tierra. El rumor no incluía detalles, y como nadie sabía bien cómo sería el final, cada quien podía imaginarlo a su manera.

Por mi parte, nunca pensé en cataclismos naturales ni en bombas atómicas. Supuse, simplemente, que durante la fiesta de Noche Vieja, antes de que la familia terminara de darse los abrazos de “feliz año”, todos —y todo— desapareceríamos. Mis abuelos, el pavo con su relleno de picadillo dulce, mis tías y mis primas (por supuesto también los tíos y los primos), el cinzano, las copas, la vajilla, mi papá y mi mamá. Todos —y todo— iríamos desvaneciéndonos por turnos… y así se acabaría el mundo.

Pensé solo en la gente que quería y en las cosas que me gustaba comer. Mi idea del “gran final” no incluía un contexto amplio. No imaginé que, del mismo modo en que nos borraríamos mi familia y yo, se borraría lo demás. Pensé únicamente en mí, en los míos… y en los manjares de la cena.

Me alegró comprobar que aquel 31 de diciembre, cuando el reloj dio la última campanada, la familia —grande y pequeña— seguía abrazándose y deseándose “lo mejor” para el año siguiente. Nada se borró, nada desapareció. Incluso dieron permiso a los mayores de ocho años para beber unos traguitos del cinzano elaborado por la abuela Vicenta. Yo interpreté aquel gesto como una concesión especial, casi solemne, por una especie de renacimiento colectivo.

A partir de esa experiencia, cada primero de enero de mis años de madurez (según la fuerza con la que me asalte la nostalgía) le rindo un discreto culto a mi credulidad infantil, recordando aquellos días y las cuitas compartidas con los de mi tamaño.

Hoy entiendo que lo que en realidad me preocupaba —lo que me asustaba— no era el fin del mundo, sino el fin de mi mundo: el de la infancia. Ese que, a estas alturas del siglo XXI, se ha transformado por completo; es decir, ha desaparecido.

Ahora formo parte del mundo de “los mayores”, que no se parece mucho al de antes. Ni yo ni ninguna de mis hermanas o primas sabemos cocinar como lo hacían las abuelas y las tías del siglo pasado. Nadie conservó la receta del cinzano de la abuela y, por más que hemos buscado, no hemos encontrado ninguna cuyo sabor se parezca (aunque sea un poquito).

Quizá el mundo no se acabó aquella noche. Pero algo, sin duda, terminó para siempre. Y cada Fin de Año, sin necesidad de rumores ni campanadas apocalípticas, vuelve a recordárnelo con una mezcla de nostalgia, gratitud y asombro.

Gracias por leer.
Si alguna vez creíste que el mundo podía acabarse en una noche —y luego descubriste que solo estaba cambiando—, quizá este texto también sea un poco tuyo.


sábado, 8 de marzo de 2025

Mujeres-Agua-Planeta

Las Mujeres, el Agua y la Tierra

Por María Elena Reynaldos-Estrada

Mujeres

Un simple percentil en las estadísticas de escolarización de las mujeres en secundaria, hace crecer la economía de una región en un 0.3 por ciento. Imaginemos lo que progresaría si el indicador aumentara más y si el nivel educativo fuera más alto. Desafortunadamente los países en los que hoy no se permite aún a las niñas asistir a la escuela son los más pobres.

    Revisando la historia de la educación femenina, encontramos incluso en naciones supuestamente “civilizadas” datos de que las mujeres en el pasado, aunque asistían a la escuela, no recibían la misma enseñanza que los hombres. Napoleón Bonaparte fundó en Francia (1870) una institución para niñas con una recomendación especial: “Lo que pedimos de la educación no es que las mujeres piensen, sino que crean… habrá que enseñarles aritmética y gramática, pero cuidando que no conozcan el latín. Habrá que vedarles la rivalidad pues no hay que instigar sus pasiones ni dar pie a la vanidad, una de sus tendencias más fuertes…”


Agua

Es realmente simple -un volumen de oxígeno y dos de hidrógeno- sin embargo es la sustancia química más importante: por su abundancia, por su papel en la aparición de la vida, y porque de ella depende en gran parte que esta vida se conserve. Pero… es un recurso limitado y la manera en que se  recolecte, se distribuya y se cuide, tiene un impacto –mayor o menor- en la economía de las regiones. Con todo, suele suceder que quienes más tienen menos la cuidan.

    Estadísticas de los estándares de su consumo doméstico muestran que en el norte de América (México incluido) el uso es de 90 mil millones de metros cúbicos anuales, en contraste con 6 mil millones en toda África.


Mujeres y agua

Por fortuna, en una buena parte del planeta se considera que las mujeres son tan importantes como los hombres. Se sabe de su papel complementario para la conservación de la especie y de las cualidades y capacidades específicas que cada género aporta para el enriquecimiento de la vida, en todos sus ámbitos.

    Así también, prácticamente ‘todo mundo’ conoce hoy día la importancia vital (en toda la extensión de la palabra) que tiene el agua para la sobrevivencia humana, y acepta la idea de que no tendremos futuro sin ella.

    Parecería lógico que en todo tiempo y lugar estas premisas estuvieran continuamente presentes, por desgracia no es así. Y ante la desmemoria de los seres humanos sobre cosas y hechos importantes, la ONU ha instituido días para conmemorar, es decir para recordar en colectivo.

    En marzo tenemos dos: el 8, Día de la Mujer para "destacar la importancia que su participación activa y su situación de igualdad tienen en la consecución de la paz y el progreso social, y para mostrar su reconocimiento por la contribución de la mujer a la paz y la seguridad internacionales”. Luego, considerando que en general no se aprecia el grado en que el aprovechamiento de los recursos del agua contribuye a la productividad económica y al bienestar social, la misma ONU decidió declarar el 22 de marzo de cada año como Día Mundial del Agua para que no se nos olvide que “… la conservación y ordenación sostenible del agua exige que se tenga conciencia del problema en los planos local, nacional, regional e internacional…” 

    Para completar la trilogía, la ONU nos obliga a recordar  también, cada año, el 22 de abril, que vivimos en la Tierra y que debemos desarrollar una conciencia ambiental en la población mundial… partiendo de actividades concretas en las que nos involucremos todos los seres humanos. 


Sin igualdad de oportunidades para mujeres y hombres y sin agua, no habrá largos plazos para la humanidad, ni siquiera cortos, si sólo una vez al año recordamos su  importancia.


domingo, 13 de octubre de 2024

 

Recordando a Colón 

María Elena Reynaldos-Estrada


(Publicado originalmente en mi columna de opinión El Pensadero del semanario xalapeño“Punto y Aparte” en octubre 10 de 2006)

                                                

Tengo la triste impresión de que a partir de 1992 el prestigio de Cristóbal Colón decayó bastante en “este lado” del Atlántico o… cuando menos en México. Entonces se recordó, más en Europa que por estas tierras, los “500 años del Encuentro de Dos Culturas”.


Prácticamente hasta esa fecha los libros de Historia Universal consignaban al navegante genovés (patrocinado por los Reyes Católicos de España) como “descubridor de América”, pero alrededor de un año antes de las conmemoraciones del V centenario que se prepararon precisamente en España, en el marco de los Juegos Olímpicos de Barcelona, se reavivó en todo tipo de foros la antigua polémica alrededor de una afirmación categórica: no hubo tal “descubrimiento”, ni siquiera un “encuentro”. 


Desde finales de la década de los 50’s (del siglo pasado) en su obra “La Invención de América” el historiador mexicano Edmundo O’Gorman propuso la tesis de que al “nombrar” a nuestro continente los europeos lo que hicieron fue “inventar” una realidad… para ellos mismos. Después Leopoldo Zea en su ensayo “América en la Historia” calificó al hecho como un “encubrimiento” pues al tratarse de un fenómeno de colonización, lo que sucedió realmente fue que las culturas originarias, florecientes (sobre todo de México “para abajo”) vieron postergado su desarrollo, para siempre y en todos los sentidos, particularmente en el espiritual.


Todas estas reflexiones se desempolvaron, y generaron muchas más en el mismo tono, de tal forma que para el 12 de octubre de 1992 ya no había debate, solo la  afirmación social casi unánime de que no había ningún motivo para hacer fiestas o celebrar… ni siquiera “conmemorar”.


No tengo ningún testimonio al respecto, pero dudo de que, “en estos tiempos”, en las ceremonias cívicas que se llevan a cabo los lunes en las explanadas de las escuelas primarias en nuestro país, se presente un número especial de homenaje a la hazaña de Cristóbal Colón y sus “intrépidos marinos”. Quizá no pase de una mención en la lista de efemérides de la semana.

 

Sin embargo, a pesar del controvertido significado de los hechos, no puede negarse que los viajes de Colón cambiaron el concepto universal sobre “La Tierra”, sus culturas incluídas en ellas: tradiciones, lenguas, credos, formas de gobierno ¡y más!


Habría que reconocer también el carácter osado del navegante que le permitió vencer todos los miedos de su época respecto a la navegación por el Atlántico… En lo personal, me he sentido siempre atraída por su biografía, y hace años en un intento como éste por recordarlo (más allá de las debilidades humanas que también mostró) inspirada por Nervo, escribí una reflexión en la que afirmaba “Si Colón viviera hoy ¡Sería astronauta!


El fragmento inicial de “El Gran Viaje” de Amado Nervo dice así:


¿Quién será, en un futuro no lejano,

el Cristóbal Colón de algún planeta?


¿Quién logrará, con máquina potente,

sondear el océano del éter,

y llevarnos de la mano

allí donde llegaran solamente

los osados ensueños del poeta?


¿Quién será, en un futuro no lejano,

el Cristóbal Colón de algún planeta?


martes, 3 de octubre de 2023

"NO SE OLVIDA" pero ¿CUÁNTO SE SABE


El 2 de octubre de cada año, siendo profesora universitaria, dedicaba una buena parte de mis clases a platicar con mis estudiantes sobre "El '68". En la agenda de trabajo que anotaba en el pizarrón, después de la fecha escribía: 

                                                                                                  " NO SE OLVIDA"

                                                  En uno de mis últimos semestres le añadí otra frase: 

                                                                                       "... PERO se sabe muy poco".

 

Con el paso de los años me fui dado cuenta de que en el imaginario de las nuevas generaciones, el Movimiento Estudiantil de 1968, se reducía al 2 de octubre.

Mantuve esa idea como hipótesis sin comprobar, hasta que un día, después de realizar un sondeo en dos grupos (48 alumnos en total, estudiantes de un curso de casi final de carrera), obtuve el resultado siguiente:

  •    Ninguno de quienes respondieron supo la fecha de inicio del movimiento, ni como fue desenvolviéndose hasta el 2 de octubre.
  •  Nadie pudo escribir el nombre de alguno de los dirigentes.
(Fuera del sondeo pregunté si habían escuchado la noticia sobre la muerte de Álvarez Garín, que había sido en una fecha anterior a esa clase y nadie lo escuchó ni sabían quién era él).

  •    Unicamente cinco respondieron la pregunta sobre el nombre del presidente que gobernaba entonces.
  •   Ninguno supo el nombre del entonces secretario de gobernación.
  •   Tampoco sabían que antes del `68, en México, la ciudadanía se adquiría a los 21 años cumplidos


Creo que la responsabilidad de este "olvido colectivo” la tiene -ni más ni menos- un amplio sector de la generación del '68 e incluso una buena parte de "la izquierda" de hoy quien se niega a ver y aceptar las transformaciones radicales que se han producido al transcurso de los años en el mundo, en México y en nosotros mismos: los viejos de hoy que entonces éramos jóvenes. Tampoco caen/caemos en la cuenta de que debemos esforzarnos por ofrecer una perspectiva histórica del Movimiento, vinculándola a las características y los intereses de la juventud de hoy es decir, de nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros alumnos.

En 2008, con motivo del 40 aniversario de ese Movimiento Estudiantil escribí un artículo en el semanario xalapeño "Punto y Aparte".

Este octubre 2023, a 55 años lo he subido a mi blog (con algunas mínimas actualizaciones) por si alguien se interesa por conocer mi perspectiva personal (en octubre del 68, era yo estudiante de preparatoria, en la ciudad de México).

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Más allá del 2 de Octubre

María Elena Reynaldos-Estrada

 

“Lo que pasó es que nos estábamos asfixiando en el “islote intocado”

Luis Gonzáles de Alba

Dirigente estudiantil en la Fac. de Psicología/UNAM

 

Quienes nacimos a la mitad exacta del siglo pasado (o un poco antes o un poco después) andamos hoy por nuestra sexta década de vida (¡un poco antes o un poco después!)... y -¡lo juro!-  la mayoría de quienes estamos vivos, podemos atestiguar que el México de antes del ’68 era totalmente diferente a nuestro país actual. Podemos dar fe, sobre todo, de que los jóvenes de aquellos tiempos éramos totalmente diferentes a los de hoy. Ni mejores, ni peores, sólo diferentes, por una simple y sencilla razón: nuestras circunstancias personales y sociales eran otras.

 El Movimiento Estudiantil de 1968 en México y los movimientos de protesta juvenil que se gestaron, prácticamente al unísono, en más de 50 países alrededor del mundo tuvieron, con diferentes expresiones y matices, un motivo idéntico: sacudir la rigidez y el autoritarismo que imperaban en todas las esferas de la vida privada y pública: la familia, la escuela, la política, incluso la religión. Hasta en aspectos que históricamente se habían visto como “naturales” los jóvenes empezábamos a percibir cierta arbitrariedad en el poder ejercido por los adultos, en cuestiones tan cotidianas como -por ejemplo- la moda: los hijos adolescentes y jóvenes usábamos ropa muy parecida a la de nuestras madres y nuestros padres si acaso con colores ‘más juveniles’ (es decir menos oscura). Otro botòn de muestra: debíamos pedir permiso hasta para ir a la vuelta de la esquina.

 Si en aspectos tan simples de la vida nuestra voz no contaba, en otros de importancia social de plano no existíamos: Hasta 1968 la mayoría de edad se alcanzaba a los 21 años, es decir que a los jóvenes NO se nos consideraba ciudadanos, en consecuencia no gozábamos de derechos políticos el del voto, por ejemplo. Y así, en casi todo el mundo era la misma canción… por cierto, la música que empezamos a adoptar como nuestra -el rock sobre todo- fue calificada de malévola y perniciosa.

 En países desarrollados y ricos (los Estados Unidos y casi todos los europeos) en los que no había pobreza extrema y se gozaba de una vida democrática, la protesta se desplegó fundamentalmente en contra de ciertos  estilos de vida, de convivencia social e internacional. Los jóvenes rechazaban la sociedad de consumo, el racismo y la guerra (¡Amor y Paz!). En los países subdesarrollados (o “en vías de desarrollo”) es decir pobres y con una democracia de a mentiritas (México, por ejemplo) el movimiento se orientó hacia reivindicaciones relacionadas, prácticamente todas, con la ausencia de libertades democráticas.

 Empezamos por marcar una raya entre nuestro mundo y el de los adultos; comenzamos a vestirnos como se nos dio la gana: las mujeres nos pusimos pantalones, los hombres dejaron de ir  a la peluquería; ambos –hombres y mujeres- nos adornábamos con collares de semillas, morrales de yute para llevar nuestros libros; dejamos de bailar en pareja y empezamos a hacerlo colectivamente ¡dando saltos y alzando los brazos con plena libertad! y con más ganas que ninguna otra cosa, -aunque no todos- la mayoría de los jóvenes del ’68 alzamos la voz: en el comedor de nuestras casas, en las aulas de escuelas medias y superiores y en las calles… Y muchos adultos y ancianos también se nos unieron porque algo de todo aquello también les molestaba a ellos desde hacía años.

 Pese a que los eventos represivos del 2 de octubre nos llenaron de dolor y provocaron que, por un lapso (no muy largo) las cosas –nuestras cosas- caminaran como en cámara lenta, 1968 fue una época más festiva que trágica, más de logros que de pérdidas… En México la democracia tardó un poco en empezar a construirse (todavía estamos en eso) pero con todo y los errores graves que evidentemente cometimos, justamente por ser jóvenes, mostramos que éramos capaces de cambiar el mundo… Y algo cambiamos, para nosotros y para los que nos siguieron.

mis exalumnos de la Facultad de Pedagogía de la UV

los Jóvenes del ’68

viernes, 11 de agosto de 2023

¿QUÉ SIGUE...? ¿CÓMO SE FORMARA HOY A PROFESIONALES DE LA EDUCACIÓN, EN LAS FACULTADES DE PEDAGOGIA DE MÉXICO?


        Por María Elena Reynaldos-Estrada      

La imagen que comparto es de un certificado que se emitió hace 99 años.  Lo encontré entre papeles y fotografías de uno de mis archivos de familia. El niño de la foto es mi papá, Carlos Reynaldos Cárdenas, quien estaba por cumplir diez años.

Bajo la imagen transcribí el texto del documento. y párrafos con algunas de mis opiniones sobre la educación en el México de esos tiempos y en el de hoy.


"El que suscribe, Director de la Escuela Primaria Superior 'Bartolomé de las Casas' ubicada en la 3a. Calle de Zaragoza número 6, de esta capital y perteneciente a la Inspección de la 9a. Zona Urbana,

CERTIFICA: que según comprobantes que obran en el archivo de este Plantel, el alumno Carlos Reinaldos*, en las pruebas verificadas el día 22 del mes de noviembre de 1924, fue aprobado en las asignaturas correspondientes al cuarto año, terminando así su Educación Primaria Elemental.

En cumplimiento de las prescripciones legales, extiende el presente Certificado de Enseñanza Primaria Elemental, en la ciudad de México, a los 22 días del mes de noviembre de 1924.

(Siguen firmas del director de la escuela, el Inspector de Zona y sellos de la Dirección de Educación Primaria y Normal de México, D.F).

*El apellido Reynaldos tiene "i latina" y no "y griega" como lo acostumbramos en mi familia..

En 1924, cuando mi padre concluyó el nivel de primaria elemental -como lo certifica el documento- la SEP tenía apenas tres años de haber sido fundada.
La educación básica en México, hasta antes de 1921, habìa sido un verdadero desastre, cada municipio la organizaban (literalmente) "como dios les daba a entender". De hecho no solo la educación sino toda la vida política y social se desarrollaba enmedio del caos que siguió a la guerra civil ("Revolución mexicana").

Habiendo nacido en 1915 (a cinco años de iniciada la Revolución) a mi papá le tocó formarse escolarmente en tiempos sumamente complicados para el país en general y para la educación en particular; sin embargo, lo que aprendió en la primaria, en la secundaria y en los estudios técnicos que hizo después, lo prepararon eficazmente para leer con fluidez, comprender cabalmente lo que leía y tener un pensamiento lógico. Con ese bagaje de conocimientos (aparentemente escaso) y lo que él aprendió por su cuenta llegó a ser un ciudadano responsable y productivo.

Entre los recuerdos más entrañables que tengo de mi papá (referidos al conocimiento escolar) es el de su ortografía intachable y la insistencia en que ante cualquier duda sobre la escritura de alguna palabra consultáramos el diccionario... así lo había aprendido y practicado en sus años de escolar. Hoy me atrevo a afirmar que lo espantarían los errores de todo tipo que pueden encontrarse en los "libros de texto" para primaria, editados por el gobierno actual y su grupo de "expertos”

Es inaudito que las generaciones de mexicanos que fueron a la escuela en esos tiempos (posteriores a la Revolución) pudieran contar con una mejor formación que la que pretende el gobierno de hoy. 

Desde las primeras advertencias sobre las "reformas" a la educación de la 4t,  he ido de la incredulidad a la indignación constatando desde hace cuatro años -día a día- que la metodología científica, la teoría y el diseño curricular... y los procesos educativos que tuve el privilegio de impartir a varias generaciones de estudiantes de Pedagogía, han sido no solo hechos a un lado sino, literalmente, pisoteados junto con todos los conocimientos de las ciencias de la educación.

 ¿Qué sigue ahora? ¿Qué va a enseñarse en la facultades y escuelas de Pedagogía*?

          *No menciono a las escuelas normales en las que se forman los docentes de educación básica porque, imagino, ya se estarán cocinando ocurrencias con fundamentos exclusivamente ideológicos, sin ninguna base pedagógica. 

 


lunes, 14 de noviembre de 2022

                                            

     COMO APRENDÍ A SER DEMÓCRATA

Por María Elena Reynaldos Estrada

jueves, 31 de octubre de 2019

Calaveras y calabazas... Halloween y Todos Santos


Por María Elena Reynaldos-Estrada


Cada año, desde que yo recuerde, al acercarse las fechas conmemorativas de ‘Todos Santos’ y ‘Fieles difuntos’ se escuchan, en nuestro país, voces alertando sobre “la pérdida de identidad” que amenaza a México porque a finales de octubre hay quienes se disfrazan de brujas y de fantasmas.

Resulta absurda la defensa de la cultura propia enfrentándola sistemáticamente (según la temporada) con aspectos culturales ajenos a lo nuestro, porque todos esos argumentos contradicen la tendencia creciente (regional y global) a promover la comunicación intercultural, el entendimiento entre los pueblos, la comprensión de la diversidad, partiendo del principio de que ninguna cultura es mejor ni peor que otra, son simplemente DIFERENTES… aunque a veces no tanto:

Imaginemos que en algún lugar de un país “anglo” un grupo de niños, enterados de la costumbre mexicana de hacer ofrendas a los difuntos buscan en Internet la foto de un ‘altar veracruzano’, consiguen lo necesario para hacerlo igual -o semejante- y lo instalan en el patio de su escuela o de su casa. Imaginemos que el interés les ha surgido después de haber visto “Coco” -la película- por la que conocieron la creencia popular de nuestro país de que los muertos vienen al mundo de los vivos (de los últimos días de octubre, hasta los dos primeros de noviembre) para recoger la ofrenda que les hemos preparado .

Supongamos que estos niños de otro país descubren también que esta costumbre es muy semejante a la de los antiguos celtas quienes pensaban que, cada año, a finales de octubre, había que disfrazarse de espectros para guiar a las almas de los difuntos hacia la salida de los pueblos, en el día de Halloween, palabra derivada del equivalente celta All Hallows Eve (Víspera de Todos Santos) Por cierto, otros elementos comunes a las dos costumbres son: las calaveras, las calabazas y los cirios o veladoras … ¿Habría “alguien”, en aquel hipotético lugar que se atreviera a criticar a estos niños por celebrar el All-Hallows-Eve, a la manera mexicana de la Fiesta de Todos Santos?

Yo no veo amenaza alguna a la identidad cultural ni percibo que una tradición excluya a la otra. Hasta hoy NO ha sucedido que la celebración del  “Día de Muertos” se debilite, más bien su celebración se ha fortalecido con nuevos elementos, como las procesiones de Catrinas que tienen pocos años de celebrarse, pero que están integrandose a la tradición de estas fechas.

Conclusión: dejemos que nuestros hijos y nietos se disfracen como quieran para celebrar Halloween... también permitamos que cooperen en la preparación de las ofrendas, para los fieles difuntos de nuestras familias.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Preguntas al Universo, para olvidar las penas y escribir un poema


María Elena Reynaldos-Estrada



Pensando en los hechos que agobian hoy al mundo, y a mi país, me pregunto... de existir vida inteligente en otras galaxias, más allá de la Vía Láctea… ¿habrá situaciones, circunstancias, problemas y conflictos semejantes a los de los terrícolas?

¿‘Sentirán’ así, como sentimos nosotros… Sufrirán de la misma manera… Se alegrarán igual? ¿Pensarán como pensamos nosotros… imaginarán… soñarán? ¿Qué enfermedades aquejarán sus cuerpos y sus almas… qué habrán inventado ya para curarlos? ¿Tendrán en mundos lejanos sociedades como las nuestras? ¿Su historia geopolítica y económica los estará llevando al punto en el que ahora nos encontramos en la Tierra? ¿Acuñarían ya un concepto semejante a nuestro “efecto dominó”?

¿Tendrán acaso sustancias cuyo consumo esté prohibido y haya generado ya un mercado negro y una guerra alrededor de él? ¿Tendrán ‘ellos’ algo parecido a las culturas y religiones de ‘acá’… unas tolerantes, otras no tanto… serán sus diferencias culturales una sinrazón más para sus guerras? ¿Se habrá inventado algo como los partidos políticos… tendrán ideologías diversas, se autodenominarán “la izquierda”… “la derecha”… “el centro”? ¿Sus sistemas de gobierno… acaso estarán basados también en la democracia… o en la monarquía… o en la dictadura?

De existir vida inteligente en otras galaxias, alrededor de otras estrellas, en otros mundos ¿habrá allá medios informativos transmitiendo a través de artefactos como las computadoras y los teléfonos celulares con cuyas alucinantes pantallas millones de usuarios, la mayoría atemorizados, desayunan o van a dormir después de mirar los inquietantes rostros de delincuentes que no tienen ni dios, ni ley, y que aumentan día a día…? Y esos amenazadores rostros ¿les harán olvidar que también hay ‘gente’ buena sobre la superficie de sus mundos?

Ojalá que no sea así. Ojalá que las galaxias que miran ‘nuestros’ astrónomos utilizando la tecnología que se ha construido para el bien, sean sólo eso: conjuntos de estrellas distribuidas a lo largo del Universo… cúmulos y supercúmulos… bandas luminosas… cuásares. Ojalá que aún habiendo galaxias en colisión y agujeros negros y materia oscura, no turbe la vida de seres vivos, ¡menos si son inteligentes… y menos si son sensibles!

Ojalá que los planetas de otras galaxias sigan deshabitados (como parecen estar) y que las estrellas sigan naciendo de turbulentas nubes de gas y de polvo cósmico. Que sigan brillando como consecuencia de fusiones de hidrógeno y helio… que sigan siendo –acá en la Tierra- misterio para quien quiera esclarecerlo, luz para los enamorados… inspiración para los poetas, como Pablo Neruda quien escribió un día:

“ASOMANDO a la noche/ en la terraza/ de un rascacielos altísimo y amargo/ pude tocar la bóveda nocturna/ y en un acto de amor extraordinario/ me apoderé de una celeste estrella. Negra estaba la noche/ y yo me deslizaba/ por la calle/ con la estrella robada en el bolsillo. De cristal tembloroso/ parecía/ y era/ de pronto/ como si llevara/ un paquete de hielo/ o una espada de arcángel en el cinto. La guardé/  temeroso/ debajo de la cama/ para que no la descubriera nadie,/ pero su luz/ atravesó/ primero/ la lana del colchón,/ luego/ las tejas,/ el techo de mi casa. Incómodos/ se hicieron/ para mí/ los más privados menesteres. Siempre con esa luz/de astral acetileno/ que palpitaba como si quisiera/ regresar a la noche,/ yo no podía/ preocuparme de todos/ mis deberes/ y así fue que olvidé pagar mis cuentas/ y me quedé sin pan ni provisiones. Mientras tanto, en la calle,/ se amotinaban/ transeúntes, mundanos/ vendedores/ atraídos sin duda/ por el fulgor insólito/ que veían salir de mi ventana. Entonces/ recogí/ otra vez mi estrella,/ con cuidado/ la envolví en mi pañuelo/ y enmascarado entre la muchedumbre/ pude pasar sin ser reconocido. Me dirigí al oeste,/ al río Verde,/ que allí bajo los sauces/ es sereno. Tomé la estrella de la noche fría/ y suavemente/ la eché sobre las aguas. Y no me sorprendió/ que se alejara/ como un pez insoluble/  moviendo/ en la noche del río/ su cuerpo de diamante.”

sábado, 20 de julio de 2019

La Luna... un recuerdo de 1969

Por María Elena Reynaldos-Estrada

Dicen los que saben -muy especialmente los astrofísicos- que el universo está expandiéndose y que por eso mismo nuestro satélite natural, la Luna, está alejándose poco a poco de la Tierra... debe ser así seguramente, pero no sé si ese “alejamiento” ha modificado ya la forma como se le percibe desde “acá abajo”, sin embargo yo sigo mirándola igual que en 1969.

Recuerdo 1969 por algunas razones importantes, una de ellas es personal: en abril de ese año ingresé como estudiante a la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM, otra razón es histórica y global: en julio tres astronautas estadounidenses, viajaron hasta las inmediaciones de la Luna, dos de ellos alunizaron y caminaron sobre su superficie, como parte de la misión espacial Apollo 11.

La tarde-noche del 19 de julio no había luna llena estaba iniciando apenas la “creciente” cuando me encontré con un amigo de Arquitectura, en el centro de la ciudad de México, con quien había quedado de subir a la Torre Latinoamericana para mirar el firmamento y lo que pudiera verse del satélite, a través de los telescopios de los últimos pisos... ¡pero había colas larguísimas en los elevadores! mucha gente como nosotros convertidos en astrónomos eventuales pero profundamente interesados en el cosmos, sus estrellas ¡y la luna! nuestra Luna en la que -en unas horas más- dos seres humanos estarían plantando su huella como impronta de la humanidad entera.

Ni mi amigo ni yo pudimos mirar el cielo por la lente del telescopio del piso 37 al que logramos llegar pero al otro día, domingo 20, alrededor de las 9 de la noche (tiempo de México) en casa, con mi familia fui una de las 600 millones de personas que vimos por transmisión directa, en televisión, a Neil Armstrong bajar del módulo Eagle y dar aquel “pequeño paso para el hombre, gran salto para la humanidad” sobre la superficie de esta luna que, igual que hace 50 años, me sigue pareciendo hermosa y cercana.

martes, 2 de octubre de 2018

Aquel Octubre, Reflexiones y Recuerdos a 50 Años



Por Maria Elena Reynaldos,

para mis amigos más viejos
y para los más jóvenes.
Para Paula Ximena y María Sol

No tengo presente en la memoria como amaneció el cielo aquel 2 de octubre. Quizá fue una mañana clara, sin nubes… en octubre los vientos dominantes en la ciudad de México soplan generalmente desde el sur y el aire es más limpio, y aunque también es un mes de lluvias y temporales, sin asegurarlo creo que por la tarde no llovió. Debe haber algún testimonio o reseña de ESE día, en el que se describan las condiciones climatológicas de aquel miércoles 2… pero yo no lo recuerdo.
Tampoco recuerdo con qué ánimo me levanté, ni qué ropa me puse, ni qué desayuné. No recuerdo si en la casa hablamos de “el movimiento” o… de las Olimpiadas (que se inaugurarían 10 días después) pero seguramente los dos temas entremezclados fueron motivo de conversación en la mesa del desayuno.

Recuerdo eso sí que desde hacía más de dos meses estudiantes y maestros en las facultades y bachilleratos de la UNAM habíamos empezado una huelga. Yo era alumna de Preparatoria y cada tercer día iba a mi “Prepa 9” para enterarme de las novedades. No estaba comprometida de lleno en el activismo político-estudiantil pero participé un par de veces en brigadas de “volanteo” y “mítines relámpago” por los alrededores de la escuela.

Mis nociones ideológicas no eran ni siquiera básicas, no entendía bien a bien la diferencia entre “burguesía” y “pequeña burguesía”, tampoco los términos “lucha de clases”, o “imperialismo capitalista” a los que se referían en discursos y publicaciones los dirigentes del movimiento. Pero si me daba cuenta que existían en nuestro país males como la pobreza de la mayoría, la dependencia económica, la manipulación social del (entonces eterno) PRI y de líderes obreros empoderados gracias a componendas políticas por cuotas de poder. Tenía solo una vaga idea de lo que eran las “libertades democráticas”, pero percibía con claridad el clima de autoritarismo y la ausencia de democracia en la sociedad: desde las familias hasta el gobierno.

Tengo también muy fresco el recuerdo de que, por aquellos años, los jóvenes estábamos empezando a vivir y sentir de una manera por completo distinta a la de nuestros padres… y recuerdo también conversaciones acaloradas con los amigos sobre “la brecha generacional” y reuniones festivas a las que nadie podía faltar, no solo a aquellas en las que realmente había “fiesta” sino también las que servían para reconocer en todos nosotros, amigos y amigas, la idea de que la búsqueda de la felicidad… ¡y la libertad! debía ser colectiva.

Cambió todo, ¡cambiamos todo!

Construimos desde cero los elementos de una cultura juvenil que no había existido nunca antes, desde la forma de vestir y la música, hasta la acuñación de un lenguaje connotativo en el que aparecieron significados totalmente nuevos surgidos del referente literario de “la onda”, impulsada por escritores mexicanos muy jóvenes, casi adolescentes, que escribían para los jóvenes, casi adolescentes, mexicanos… ¡nosotros, la generación surgida del ’68!

Ese aire fresco, lo respiramos  (casi) todos los jóvenes del mundo, no únicamente los de México, que sentimos la necesidad imperiosa de cambiar estructuras sociales, y mentales. Aquel ’68 se registraron movimientos y protestas juveniles en más de 50 países alrededor del mundo. Los jóvenes de naciones desarrolladas y “ricas” (como EEUU y la mayoría de Europa) se oponían a la guerra, al consumismo y a las ideas conservadoras sobre sexualidad y las discriminatorias sobre “identidad sexual”. En países subdesarrollados y/o pobres, con dictaduras abiertas o solapadas se incluían también demandas por elecciones verdaderamente democráticas y  por el derecho a formar organizaciones independientes del Estado.

En México jóvenes y no tan jóvenes nos involucramos con pasión en acciones para –de verdad-cambiar lo que estuviera alrededor (desde la familia… hasta el gobierno). Se acuñaron consignas que luego aparecían en paredes, carteles, boletines y volantes convocando a mítines y marchas para protestar –fundamentalmente- por la antidemocracia y la represión.

El miércoles 2 de octubre de 1968, la convocatoria –como bien se sabe- fue para las 5 de la tarde en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Por la mañana de ese día me reuní con 5 compañeros de la prepa, en casa de una amiga que vivía ahí mismo, en la Unidad Nonoalco-Tlatelolco (no recuerdo el nombre de su edificio) para organizar nuestra asistencia al mitin; como ya habían sucedido detenciones y represión en algunos otros actos públicos quedamos en que si “algo” pasaba, nos reuniríamos de nuevo en el departamento de nuestra amiga, y así sucedió: todos ellos estuvieron ahí, en el mitin… menos yo, porque mis padres, después de una discusión en la que mis argumentos no tuvieron éxito, me prohibieron salir de casa; sin embargo pude librar la prohibición porque el novio que tenía entonces (estudiante del Poli, que también estaba en huelga) me invitó a tomar un café… de todas formas no estuvo de acuerdo en que desobedeciéramos la recomendación familiar, y aunque un poco frustrados, nos fuimos al café... un “Kikos” casi frente a mi casa.

Cuando regresamos dos horas después, como a las 7 de la noche, por la mamá de uno de mis amigos que si había acudido a Tlatelolco (y que vivía muy cerca de la unidad) supimos que había cantidad de policía y soldados por los alrededores… y que se escuchaban disparos.

El jueves 3, me enteré que dos de mis compañeros habían sido detenidos y que el hermano de mi amiga de Tlatelolco –estudiante de secundaria-, estaba desaparecido… Por fortuna no sufrieron ningún percance fatal: a mis compañeros los detuvieron y llevaron a la la prisión de Sta. Martha Acatitla y el hermanito de mi amiga, estuvo escondido con unos vecinos. A mis amigos –Claudio y Víctor- los liberaron tres días después sin ningún daño físico, pero muy afectados emocionalmente.

Pese a que la represión del 2 de octubre nos llenó de dolor y provocó que, por un lapso (no muy largo) las cosas –nuestras vidas de jóvenes- caminaran como en cámara lenta, debo decir que 1968 fue una época más festiva que trágica, más de logros que de pérdidas. En México la democracia tardó un poco en empezar a construirse, y desde inicios del siglo XXI la ejercemos a plenitud,

Con todo y los errores graves que nos achacaron a la juventud de “esos tiempos”, nuestro propósito de cambiar a nuestras familias… a nuestro país… ¡y al mundo! dieron frutos, aunque algunos están madurando todavía… aunque haya quienes se empeñen en creer lo contrario... Si fuera así, aquel octubre, aquel Movimiento… habrían sido en vano.